Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son; y cuando el pueblo las canta, ya nadie sabe el autor.
Tal es las gloria de los que escriben cantares, oír decir a la gente que no los ha escrito nadie; procura que tús coplas vayan al pueblo a parar, aunque dejen de ser tuyas, para ser de los demás.
Que al fundir el corazón en el alma popular, lo que se pierde de nombre, se gana de eternidad.

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