Cuando mi pecho ardió en su dulce fuego, osé soñar, osé cantar ¡Oh, Minerva! el mal que siento.
Me odié al tierno canto ufano aliento; el Sol en cuyo ardor estuve ciego, osé mostrar mí blando ruego, a quien el amor desprecia y vive su tormento; y el humilde quejar de mí lamento, me dio Osadía y esperanza luego.
Ahora que la luz yo pierdo ausente, crece mí dolor con su belleza; notad el gran error de mí porfía, lloro el pasado y el presente; apuesto en la soledad de mí tristeza.
La esperanza me falta, y la Osadía.
No comments:
Post a Comment
Note: Only a member of this blog may post a comment.