¡Señor! Si en el reinar eres ofendido, y en tú rostro lo muestra los escribas.
¿Que rey se librará de tal vejámenes, si lo padece un hombre, un Dios Ungido? Tan coronado estás como herido; en tú frente sudas sangre viva; golpes y afrentas quieren que recibas, y que des gloria al pueblo endurecido.
Llámate rey, véndate los ojos, y dicen que adivines; hieren tú faz, en tú sangre descansa sus enojos. Si tal hacen con Dios esos vasallos ruines, ¿En cual corona faltará abrojos? ¿Que cetro habrá seguro en estos fines?

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