Y era el Ángel en mí sueño, el Ángel más hermoso, brillaba como acero sus ojos victoriosos, y las Sangrientas llamas de su antorchas alumbraron la honda cripta de mí alma. ¿¡Vendrás conmigo!? Sí! Las tumbas y los muertos me espanta. Pero la férrea mano y mí diestra atenazaba.
¡Vendrás conmigo!
Y avance en mí sueño, cegado por la roja luminaria; y en la cripta sentí sonar cadenas que me ataban, me agitaba, como fiera enjaulada.
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