Cuando a la media noche me despierta el canto de la aurora, la muerte dónde quiera al hombre acompaña; oscuridad de mí puerta, de los trasnochadores el ruido oye en la calle lóbrega y desierta. Ondas tinieblas sumergida en la calle, amparo y vigilia de la noche; me incorporo en mí lecho, medito el daño espantoso que me has hecho, el daño infinito que a causado tú amor.
¡Maldito que arrancar no he logrado de mí pecho!
Abro mís ojos a la sombra, a mis oídos llegan melancólicos teñidos de lejanas voces; soñoliento recuerdos, que una vez llenaron de luz mis pensamientos; que bebí de tú fulgor, brillantes auroras.
¿Dónde estan tantos recuerdos?
Están dónde habrán de estar.






