Ella es el fuego del cuál mà alma se alimenta, me consume su estéril duro frÃo; da vida al casà muerto pecho mÃo, y una virtud de sus llamas me sustenta.
¿Es justo que muera y viva por ella?
¡Santo Dios! Siento la gloria de mi dulce y desvalido corazón, porque en mà amor yo confÃo; la esperanza del premio en quien me alienta.
Pero con inmenso frÃo, con inmensa oscuridad, todo expira; cuya tristeza ocupa mi corazón con grave pena, asà con el exceso ardor conspira, que deja su belleza a mà alma de alegrÃa.
¡Procura no rendirte alma mÃa!, porque ella lo fue todo; aunque yo más la ame, ella más me desprecia, ¿Pero quien puede mandar en este desvalido corazón?
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