Soñé que tu me llevabas por una blanca vereda, en medio del campo verde, hacia la luz de las montañas; sentí tu mano en la mía, esa mano familiar. Y al fin de tanto soñarte por muchas noches, escuché tú voz de abuela en mis oídos, como una campana nueva, como una campana de un alba primaveral.
¡Era tú voz y tus manos en mí sueño real!
¡Y luego vi tú rostro! ¡Tan feliz!
¡Vive la esperanza!
Nadie sabe lo que la tierra traga, y luego te convierte en algo tan real.
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