Eran aquellos ojos inmensos, hoy rasgados. Los conocí hace mucho tiempo, siempre puros e iguales; quietos como el sueño de los claustros, e inquietos como los niños, pero sellados a la barbarie e injusticias.
En la hora del extasis vibraban, y se iluminaba con los cantares; jamás los ví cerrados ante la tempestad, siempre fijos en el camino; y contemplaban absorto al verte a ti, con la ignota indulgencia de los rostros divinos.
Solía verlos hasta muy altas horas de la noche, bajo un rayo postrero, y cuando me miraban, mi alma se regocijaba.
Se sustrayeron al frágil tiempo perecedero, han pasado décadas que sobre mí adolescencia devanó su telar, los antiguos ensueños de mí alcanzar interno; como las naves nómadas que buscan el cielo en el mar.
Sólo quedamos tú y yo, en el fondo, ambiguos tiempos vividos; pero por favor, sígueme mirando esos ojos devotos, como mis sueños de los claustros dormidos.
No comments:
Post a Comment
Note: Only a member of this blog may post a comment.