Alcé esa gran copa negra, mientras la noche se tragaba el día; sin querer bebía el vino de la añoranza.
¡Quiero beber vino! Me decía mí hermano, en esa nochebuena; todos estábamos juntos, como una verdadera familia, como si el tiempo nunca pasara, sin preocuparnos que nos depararía el futuro.
No sé porque en esta hora sombría y silenciosa me a invadido el recuerdo. En la acera de enfrente, una carcajada rompe el silencio, su clara risa suena a una muchacha alegre, como en la nochebuena; pero mí realidad me conmueve, extraño todo! Y en mí negación a resignar, veo bailar a los de allá reunidos, festejando; y vienen las memorias, contundentes e inciertas, como un vago regreso de ensoñaciones muertas.

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