Padre! Tús ojos dulces, vuelvelos a mí.
En esta Tierra injusta y brava, no hay senderos, mí vida bajo el Sol tiembla.
¡Que me abracen tús dulces ojos!
El mal me ciega la vista, se refleja otra fuente; mí alma se estremece.
¡Oh, Dios! Porque me dieron lo que me dieron. Supe de la soledad aquí en la Tierra y en el Cielo. Mira mí juventud, fue un brote puro, que se quedó sin estrenar.
Me cansé de ver caer el Sol en el horizonte, escúchame esta noche sombría, Oh, Padre! Tús ojos dulces vuelvuelos a mí; un niño fui, y esta noche un niño soy.

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