Al cabo, al fin, la última carta que les escribo a todos, la llave de mí casa, dónde aprendí abrir y cerrar sueños; mí sombrero quien cubre mí despeinado cerebro, la última copa de Whisky, una cartita dramática; yace este sueño práctico del alma.
¡Adiós hermanos!
¡Adiós amigos!
¡Adiós Eramos, espinosa!
¡Adiós Heráclitos!
¡Adiós tristes Obispos!
¡Adiós gobernadores del desorden!
¡Adiós también, me digo a mí mismo!
¡Adiós Odín y Thor!
¡Adiós sueños de América!
Una noche de sombras, pero sé que todos los caminos llevan a un sólo destino; estas manos alzándose otra vez hacia otro sueño, estas sordas raíces sedientas de rocío; este silencio oscuro que alarga mis latidos.
Muriendo lentamente y eternamente vivo, siempre morir en cada estrella; y encender esa lámpara que se apagó de tanto frío; otra vez hacia el alba por todos los caminos, hacia un mismo destino.

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