¿Que cuerpo yace en ese sepulcro?
¿Quien eres tú, que sobre el sepulcro estás sentado? Meneando tus cabellos y esa figura ensangrentada, tú piel rasgada y tus uñas con evidencia de otra sangre.
¡Huesos y Cenizas consagradas a Ánival! Que a pagado a la naturaleza la deuda primera; y aquella armada, la Diosa de todas las batallas.
Se quejo de los hados inhumanos, que a tal varón hicieron tanto mal.
El miedo y la vileza, perdición de Cartago; así como fueron los vicios con Sodoma; como la impiedad insana con Jerusalén; la avaricia y la soberbia de Roma.
Pero más quédate de consuelo en lo que hiciste, que tú mismo te mataste, porque Ánival no pudieron vencer sino sus propias manos.
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