Pobre de aquel que llega a ver el agua correr, y dice: La sed que siento no me la quita el beber. Pero más pobre aquel de quien bebe y saciada la sed, desprecia la vida.
Maldita modena del tahúr! Que pisoteas al azar; iluso suspiras bajo la orden del soberano.
Pobre aquel noble peregrino, que se detiene a meditar después de largo camino, y encuentra el horror al llegar; el de la melancolía, que llora sin ser consolado. Pero maldito es, quien no le tiende la mano.
Pobre de aquel, que sufre del mal de amor, que llora y canta su pena; de los jardines secretos, de pinceles soñados, sueños poblados, de propósitos discretos.
Pobre de aquel rey sin corona, que ronda la Luna bella, de cuando se marcha la Luna, se cae en ella.
Pobre de aquel, del amor primero, de su fe mal pagada; pero será el amor verdadero, nuestra amada.
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