¿¡Por qué, oh, cielos! Me robaste el dulce materno amparo?
¿Que seré sin su amor ante el recio vendaval?
Huérfano triste del mundo en el piélago desierto.
¿Que bonanza hasta el puerto generoso me guiará?
¿Que piloto entre las rocas que oculta el mar traicionero me salvará?
Sí tú cielo bondadoso, me has negado la luz, y ocultas en esa noche umbría la estrella de mí salvación ¡Que desastroso naufragio!
¿Podré algun día liberarme del escollo que existe en mí propio corazón?
¡Oh, destino! Sé piadoso, que sin el apoyo, pero si con la confianza se entrega a merced de ti.
De la tormenta bravía, del escollo misterioso, liberame cielo amoroso, liberame cielo a mí.
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