Yo imagino que su espíritu fue bañado por la luz Santa, el cielo en su piedad ilumina allá las almas; que al sucumbir por la ley terrenal, ella fue fiel aunque pagana.
¡La Eterna Misericordia!
Las almas tienen sus ignorancias y desde entonces errantes están; al ver en su tierra alzada la cruz redentora, la tierna plegarias que se alza por las alturas; recuerda su glorioso alcanzar, porque en su tierra querida a los suyos no puede olvidar.
Tales son los ecos de los suyos que los escucha en las ríspidas montañas, y cuando la Luna es bañada por la luz astral, mira su linaje paseándose por las sombras; y al ver sus errores, loco será su empeño de regresar; viajando como aroma entre los riscos, entre la bruma se mezcló.
¡No te aferres a tú pasado alma mía!
¡La misma carne jamás regresa!
Y cuéntese que el alma en aquella cumbre ásperas, de tiempo en tiempo se ofrece a reencarnar, y su mirada se vuelve asomar.